2 abr 2011

Y ZAPATERO DIJO ADIÓS


El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció este sábado en el Comité Federal del PSOE que no se presentará por tercera vez como candidato socialista a las próximas elecciones generales. Aunque era una decisión que muchos daban por hecha, la incertidumbre en las filas socialistas, oposición y medios de comunicación habían convertido la decisión de Zapatero sobre su continuidad en noticia de portadas junto a la crisis económica, las últimas revelaciones sobre la negociación con ETA, Libia o Japón. 

La segunda legislatura ha amortizado definitivamente a un presidente superado por las circunstancias y que comenzó negando una crisis económica que es en buena parte la responsable de que Zapatero haya anunciado que no será candidato. De no ser así, quizá tuviéramos Zapatero para una nueva legislatura ya que, aunque se mostró partidario de la conveniencia de que dos legislaturas con un mismo presidente son suficientes en política, dudo que si las cosas marchasen medianamente bien dejase pasar la oportunidad de seguir en la Presidencia. 

Las duras reformas y ajustes presupuestarios que ha tenido que llevar a cabo dada la maltrecha situación de la economía nacional y de las arcas públicas, los casi cinco millones de parados, una pésima gestión de la crisis con medidas que han tenido que venir impuestas desde el exterior ante la incapacidad de reacción del su Ejecutivo y, sobre todo, el efecto negativo que ahora mismo tiene el nombre de Zapatero para el propio PSOE, son motivos más que suficientes para dejar paso a un nuevo proyecto dentro de las filas socialistas e intentar minimizar el batacazo electoral que se prevé para los socialistas en las elecciones generales del próximo año.

Ahora se abre un periodo de transición en el PSOE hasta la celebración de unas primarias después de las elecciones autonómicas y locales del próximo 22 de mayo. Los socialistas deberán apostar por un nuevo proyecto, un nuevo nombre que guíe el partido en los años venideros e intentar recuperar el terreno perdido durante estos últimos años. Varios son los nombres que han surgido en esta etapa de incertidumbre: Alfredo Pérez Rubalcaba, Carme Chacón, incluso José Bono podría ser el hombre sorpresa. Las apuestas dan cierta ventaja a Rubalcaba, pero el pasado y presente de este hombre en el PSOE, un personaje de la vieja guardia socialista, considero que no es lo más idóneo para relanzar un nuevo proyecto. Por otra parte, Carme Chacón se postula también como una de las candidatas a ocupar el puesto que dejará vacante Zapatero pero, pese a ocupar cargos de relevancia en el PSOE y en el Ejecutivo, puede ser demasiado prematuro tomar el relevo de Zapatero con el riesgo que ello puede suponer para su carrera política. Entre medias, Bono podría ser el hombre de consenso necesario para este periodo difícil que le queda al PSOE para afrontar unas elecciones generales que se le presentan muy adversas. 

La incertidumbre se ha terminado, Zapatero dejará paso a otra persona. El tema está zanjado por su parte. En los próximos meses hablaremos de su sucesor o sucesora. Los medios no se aburrirán porque se prevé una lucha interesante por la sucesión. El PP comenzará a especular sobre el posible rival de Rajoy. Las quinielas comenzarán sobre posibles alternativas.


29 mar 2011

A VUELTAS CON EL COPAGO SANITARIO

La actual situación de crisis ha puesto al descubierto las deficiencias de financiación del sistema sanitario en España. El debate del copago, es decir, que parte de la consulta a un médico sea pagado por la Administración y otra parte por el usuario, ha vuelto a surgir por las palabras del presidente de la Comunidad de Murcia, Ramón Luis Valcárcel.

No cabe duda que la sanidad pública la pagamos todos con nuestros impuestos, pero también que en ocasiones el uso irracional por parte de algunos pacientes puede justificar medidas como las del copago. La crisis económica y los ajustes presupuestarios han agravado la situación de los servicios públicos y, en consecuencia, que se piensen en medidas que puedan suponer una financiación extra al sistema.

El debate vuelve a surgir ahora, pero recordemos que el Consejo de Ministros de Economía de la Unión Europea, Ecofin, ha aprobado un informe que contiene una serie de recomendaciones en materia sanitaria para orientar a los gobiernos en materia de reducción de costes en un aspecto esencial como es el sanitario, entre esas recomendaciones, el copago.

Ahora bien, el copago debería ser la última medida a tomar. Antes de aplicarse una medida donde el paciente del sistema sanitario tenga que aportar un tanto por ciento del coste de la consulta, habría que buscar otras posibilidades de financiación. Un pago simbólico –un euro por consulta- que pueda suponer, no solo un ingreso extra para las arcas públicas, sino un elemento de concienciación del coste del sistema, podría ser una opción a analizar.

Pero, mientras, por ejemplo, en Canarias las dietas de los diputados autonómicos dupliquen lo que Sanidad paga a los canarios por desplazamientos de un paciente o acompañante que tenga que abandonar su isla para recibir algún tipo de tratamiento, o mientras no se establezca un sistema de financiación de los partidos políticos y sindicatos más austeros y con menos dinero público, no pueden nuestros dirigentes acometer medidas que ahondarán más en el descrédito de una clase política que toma decisiones aplicables a los ciudadanos, pero son reacios a tomar medidas que limiten su situación privilegiada.

22 mar 2011

LA CUESTIÓN LIBIA


El Consejo de  Seguridad de la ONU aprobó finalmente una resolución que daba vía libre a una intervención limitada en Libia, aunque con reticencias por parte de algunos países miembros del Consejo. La resolución, que fue apoyada por diez votos y otros cinco (Rusia, China, Alemania, Brasil e India) se abstuvieron, autoriza tomar "todas las medidas necesarias" para proteger a la población civil libia de los ataques de las tropas de Muamar el Gadafi y establecer una zona de exclusión aérea sobre el país. La operación, denominada “odisea del amanecer”, se puso en práctica el sábado con los primeros bombardeos selectivos por aviones franceses. 

El efecto de las revueltas en Túnez, que terminó con la salida del poder de Ben Alí, y posteriormente la claudicación de Hosni Mubarak en Egipto, llegó a Libia donde se encontró con un tirano en el amplio sentido del término que no cedió ni un momento en su afán por continuar en el poder, utilizando para ello todo los métodos a su alcance, incluso el bombardeo de los insurgentes. Este es, presuntamente, el principal motivo que ha llevado a la comunidad internacional a establecer, con el amparo de Naciones Unidas, un espacio de exclusión aérea que permitiese a los rebeldes el progreso en su ofensiva contra el régimen de Gadafi. Tan solo tres días después del inicio de la misión ya se producen en el seno de la coalición las primeras fricciones. Francia ha querido tomar el mando de las operaciones, quedando en un segundo plano Estados Unidos. Varios son los países que participan en esta operación, entre ellos España, y ya se ha sugerido que sea la OTAN la que comande las acciones que se realizan en Libia, afirmación que no ha gustado nada a Francia. La Liga Árabe también mostró su apoyo a la resolución de la ONU, pero poco después se mostró crítica con los primeros bombardeos por considerar que no persiguen establecer, como ordenaba la resolución de la ONU, un espacio de exclusión aérea. El secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, argumentó que lo que los países árabes quieren es "la protección de los civiles no el bombardeo a otros civiles". A su juicio, la protección de la población civil no requiere de operaciones militares. Difícil de entender la posición ahora de la Liga Árabe si la resolución es clara al indicar que se tomarán las medidas necesarias para el fin y objetivo encomendado. Además, en toda acción militar hay víctimas, por muy quirúrgica que quiera realizarse, y los daños colaterales son difíciles de evitar, en consecuencia,  hay que contar, desgraciadamente, con la muerte de civiles. 

Los antecedentes de operaciones militares con similares características nos dejan un panorama bastante sombrío. En Irak, criticable guerra que contó con un amplio rechazo político y popular, el fin era acabar con el tirano, Sadam Husein,  que, más allá de la tenencia o no de armas de destrucción masiva, fue un dictador que entre algunos de sus logros tuvo el de gasear a miles de chíitas (niños, adultos, ancianos, hombres y mujeres) o acabar con toda facción ideológica que pudiera suponer una amenaza para continuar en el poder. Irak quedó sumido en el caos y después de ocho años es un país con una profunda inestabilidad política y donde los atentados de grupos extremistas se suceden cada semana dejando un reguero de muertos. Y Afganistán es ahora mismo otro de los puntos negros que tiene la comunidad internación. Después de casi diez años no se ha podido acabar con la resistencia talibán y las fuerzas internacionales desplegadas en el país barajan ya una retirada en fechas no muy lejanas. Holanda ya lo ha hecho, Polonia lo hará en breve, incluso Estados Unidos baraja una retirada para 2014 dejando en manos de las fuerzas afganas la seguridad del país. O mucho cambia o estaremos ante otro Irak. 

La cuestión que surge es por qué se ha decidido intervenir en Libia. Parece que a la comunidad internacional le ha dado un interés desmesurado por democratizar todos los países bajo tiranías y dictaduras. Además, está la protección a los civiles que están siendo masacrados por el régimen. Estos son, en síntesis, los dos aspectos que motivan la intervención, pero cuántos países no entrarían en estos supuestos. Yemen, Bahréin, el dramático caso de Sudán, las dictaduras de Corea del Norte o Cuba, por poner algunos ejemplos. Qué difícil se le pone al ciudadano creer en este tipo de argumentos cuando hace tan solo unos meses Gadafi se paseaba amistosamente con los que ahora le bombardean.